"La gente siempre dudará de lo que dices pero creerá lo que haces"
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jueves, 14 de febrero de 2013
miércoles, 6 de febrero de 2013
El arte de manejar las emociones
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viernes, 1 de febrero de 2013
Debemos redefinir "el bienestar"
“DEBEMOS REDEFINIR EL BIENESTAR”
Cómo vivir mejor: llega una 'nueva felicidad' más realista
En un contexto como el actual, en el que las depresiones y los cuadros de ansiedad se disparan, la búsqueda de la felicidad parece una quimera, a la par que una necesidad de primer orden para volver a disfrutar de la vida. No es casualidad que los libros de autoayuda proliferen en las estanterías de las librerías. Sin embargo, en 2000 años de filosofía sobre la felicidad todavía no se ha encontrado la receta definitiva. Vivimos tiempos de cambios, y los esquemas sobre los que se construían los proyectos vitales ya no nos sirven. La nueva máxima es “vivir mejor con menos”, tal y como el economista Robert Skidelsky sintetizaba a El Confidencial, a propósito de su último ensayo ¿Cuánto es suficiente? Qué se necesita para una ‘buena vida’ (Crítica).
El filósofo galo Vincent Cespedes, autor de Estudio mágico de la felicidad, explica en este ensayo que el bienestar personal tiene muchas caras, casi tantas como individuos, por lo que “no existen estrategias únicas, como nos quieren hacer creer desde la ‘industria de la felicidad’”. Eso sí, apunta a la bondad, el respeto al otro y el reconocimiento social como los indicadores compartidos por las personas felices. En definitiva, ser feliz “no es solo una cuestión de voluntad y de capacidad para aplicar una serie de estrategias”, sino que tiene que ver con la adaptación al convulso mundo que nos ha tocado vivir, y con la aceptación de nosotros mismos y de nuestro papel en la sociedad, para así poder disfrutar del día a día.
Saber conformarse
Como expresó recientemente el premio Nobel de Economía Joseph Stiglitz,debemos redefinir los criterios del desarrollo económico, pero también los del crecimiento personal (para tener salud emocional). Los principios individualistas delHomo Economicus, que Daniel Cohen ha revisado desde una perspectiva crítica, deberían ser desplazados por los del ‘bien común’, según la propuesta de este economista.
Ser feliz tiene que ver con la adaptación a los cambios socioeconómicos que nos están tocando vivir
La mayoría de los filósofos contemporáneos que han tratado este asunto reconocen que es necesario incluir nuevas acepciones en la definición de la felicidad para reajustarla a la posmodernidad. Ganar más dinero, encontrar el amor ideal o tener el trabajo perfecto son máximas cada vez más inalcanzables para el grueso de la sociedad que nos impiden conquistar el bienestar. Unos objetivos que “provocan un perjudicial combate con nosotros mismos y nos hacen vivir temerosos del futuro”, según suele apuntar el suizo Alexandre Jollien en sus multitudinarias conferencias.
Aprender a renunciar
Las expectativas vitales deben estar a nuestro alcance, según concluyen los teóricos de la ‘nueva felicidad’, y por ello animan a no intentar alcanzar la “utópica” felicidad plena, sino a “vivir sin ser infelices”. Una vuelta de tuerca, dicen, “más realista”. En este sentido, aprender a renunciar y a reajustar las expectativas, atendiendo tanto a nuestras limitaciones personales como a las impuestas por el entorno socioeconómico, son dos principios fundamentales a tener en cuenta para comenzar a ser menos infelices.
Tenemos que ser capaces de reajustar nuestras expectativas
Las nuevas teorías de la ‘felicidad contemporánea’ sientan sus bases en la filosofía oriental, aunque mezclando mística y ciencia. Lo más esencial, dicen, reside en ser abiertos de espíritu. De hecho, la meditación y todas aquellas actividades dirigidas a la concentración y a la búsqueda de la conciencia plena (mindfulness según el concepto original en inglés), como puede ser el yoga, son muy recurrentes en el discurso de todos estos intelectuales.
Disfrutar el momento
Si en las últimas décadas los ejercicios de meditación han experimentado un fuerte impulso en Occidente, también lo han hecho confundiendo algunos de sus principios. En muchas ocasiones estas técnicas se utilizan para alimentar el ego más que para hacerlo desaparecer o simplemente para relajarse en lugar de para alcanzar un estado ascético que nos permita estar por encima de los problemas del día a día. “El arte de disfrutar el momento” se basa en la capacidad para sortear los golpes de la vida aceptándolos como una consecuencia inevitable de nuestra existencia.
Buscar la felicidad en los demás
Diversos estudios han coincidido en señalar que el dinero no da la felicidad. La acumulación de la riqueza experimentada en Occidente en las últimas décadas ha ido paralela a un descenso del grado de felicidad de las personas. El consumismo parece estar sumiendo a la civilización en un círculo vicioso en lo que a bienestar se refiere. Los bienes materiales ofrecen una satisfacción vana y efímera que nos aleja de la felicidad plena porque siempre se querrá más y más.
Para el economista Daniel Cohen, la búsqueda de la riqueza colectiva y no de la individual es la que realmente nos reporta una satisfacción plena. Cohen valora más el trabajo en equipo que la competitividad entre los individuos, así como el sentido de pertenencia a una comunidad. Una red social asentada más allá de la familia y los amigos.
Fuente: El Confidencial
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miércoles, 30 de enero de 2013
¿De qué sirve quejarse todo el rato?
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jueves, 24 de enero de 2013
La vida tras un despido
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miércoles, 23 de enero de 2013
cómo sobrevivir en un trabajo
Que no envenenen tu ánimo
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El trabajo no abunda, las posibilidades de ascender son cada vez menores y los salarios no viven precisamente su mejor momento. Ante tal panorama, muchas personas se ven obligadas a aferrarse a un puesto que, en otras circunstancias, habrían abandonado sin pensárselo. Un mal ambiente laboral, problemas con los superiores o los compañeros, baja remuneración o jornadas de trabajo interminables suelen ser algunos de los factores decisivos a la hora de encontrarse a disgusto en una empresa. En otras ocasiones, aceptar un puesto que no corresponde con nuestras expectativas más altas es inevitable en cuanto que, en la mayor parte de carreras, los primeros años exigen un sacrificio mayor que nos permitirá más tarde gozar de ciertos privilegios.
Tanto para unos casos como para otros, una relativamente extensa bibliografía se ha producido con el objetivo de proporcionar consejos a aquellos trabajadores que, conscientes de que no pueden abandonar su puesto de trabajo, sí tienen en su mano cambiar su situación en el mismo, tanto haciéndose un hueco en la empresa mejorando su relación con los que le rodean como afrontando los retos diarios de una manera más positiva. Entre las pequeñas tácticas que podemos adoptar para aguantar la situación todo el tiempo posible se encuentran las siguientes.
–Observa a tus compañeros. Llegar a una nueva empresa puede ser algo traumático en muchas ocasiones, en cuanto que no sólo la cultura de la misma nos puede resultar ajena, sino que no comprendemos las dinámicas establecidas entre el personal, los superiores y las diferentes secciones. Por ello mismo, Melissa Woodson señala en AOL Jobs que la observación puede ser una herramienta útil en los primeros momentos de nuestra andadura en una firma. De esa manera, podremos averiguar qué personas son de confianza y pueden ayudarnos en nuestra integración y cuáles son los comportamientos que se premian dentro de la empresa, y cuáles son rechazados.
–Piensa como un socio, no como una víctima. Aunque el tema principal deChange Better: Survive –and Thrive– During Change at Work and Througout Life(Agate B2) no sea el de la adaptación a la empresa, sí proporciona alguna enseñanza válida en un panorama laboral marcado por la inestabilidad y el cambio contante. Pero no sólo nosotros debemos adaptarnos continuamente a la compañía, sino que debemos intentar mejorar aquellas de las que formamos parte. Su autora Jeanenne LaMarsh señala que en muchas ocasiones el disgusto con nuestro entorno es tan grande que nos mantenemos al margen de él, nos consideramos víctimas y nos marginamos de las dinámicas del mismo. La fundadora de LaMarsh Global señala que “incluso si la organización para la que trabajas no parece preocuparse por tus necesidades, puedes hacer mucho por ti mismo identificando cuáles son tus problemas y qué puedes hacer para aliviarlos o hacer que desaparezcan”.
–Averigua qué espera tu jefe de ti. Una las dificultades a superar más habituales es la que concierne al superior inmediato, cuyas exigencias pueden ser excesivas, desproporcionadas o incluso confusas. En 2005, Marilyn Haight publicó el libro que, como aseguraba, “ningún jefe quiere que leas”. Más allá de las estrategias demarketing, lo que es cierto es que en su ensayo Who’s Afraid of the Big, Bad Boss?(Worded Write), la escritora identifica trece tipos distintos de jefe y proporciona herramientas para tratar con ellos (y también, estrategias a evitar). Entre esta clasificación se encuentran “el represor”, “el trepa” o “el frustrado”. En el caso de los trepas, pretenden que seas capaz de responder por ti mismo ante las dificultades del departamento, sin molestarles; en el del represor, que tiende a criticar a sus empleados, que no interfieras con sus tareas; y en el del frustrado, una de las peores categorías ya que ponen a prueba la autoestima de todos los empleados, pretenden que acates sus órdenes sin salirte del guion, con la mayor rapidez posible.
–Recuérdale a tus jefes que la felicidad es importante. Si todo lo anterior falla, quizá no nos quede otra que marcharnos si no queremos acabar por completo con nuestra salud mental, por mucho que ello comprometa nuestro bienestar material. Sin embargo, todos los superiores, dueños y demás personal al mando de grupos de trabajo deben tener siempre presente que un trabajador feliz es un trabajador mucho más productivo que uno que no lo es, algo especialmente sensible en un momento en que los propietarios se escudan en que el altísimo paro les permite sustituir a cualquier empleado rápidamente. Quizá como trabajadores recordar el siguiente dato a la mano que nos alimenta no sea lo más indicado, pero las estadísticas demuestran que los trabajadores descontentos cuestan a la economía americana unos 300 mil millones de dólares al año y que los empleados más felices producen un 12% más mientras que los infelices llegan a hacerlo un 10% menos. Así que si no estás satisfecho, quizá no seas tú el único que esté pagando las consecuencias.
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Recuperándose de los golpes de la vida
Claves para salir del hoyo: cómo superar lo antes posible los malos momentos
Los momentos de soledad son positivos para recuperar la paz interior. (Corbis)
Superar un trauma vital nunca ha sido fácil, pero el ser humano puede llegar a tener una capacidad inimaginable para salir adelante y dejar atrás una crisis. La muerte de un ser querido, la pérdida de un empleo o una ruptura sentimental son el caldo de cultivo más frecuente de los episodios depresivos. Los golpes que da la vida afectan inevitablemente a todo el mundo, normalmente de forma repentina, pero aunque no sea así, uno nunca logrará estar lo suficientemente preparado para asumirlo.
La tristeza, la soledad, el derrotismo y el pesimismo suelen invadir a las personas durante la primera fase del trauma. Unos sentimientos que no duran para siempre, pero que necesitan ser domados para reencontrarse con la felicidad. Para facilitar las cosas y recuperarse lo antes posibles de un bache en la vida, existen una serie de actitudes a tener en cuenta, que el coach Preston Ni desarrolla en sus últimas publicaciones.
Vive el duelo durante el tiempo necesario
El primer paso para recuperarse de una pérdida o de un trauma vital es dejar un tiempo para vivir el duelo. Las emociones negativas necesitan expresarse. Lo más saludable es no contener el llanto cuando nos lo pida el cuerpo y buscar apoyos en los seres queridos. Encerrarse en un mismo no es nada recomendable, pues es fundamental reconocer el dolor y el daño, pero si se tienen dificultades para demostrar los sentimientos en público podrá ser de gran ayuda escribir en un diario o, en el caso de las personas religiosas, acudir a la Iglesia a rezar.
Reprimir el dolor no acaba con él. Más bien todo lo contrario, se convertirá en una seña de identidad que nos marcará de por vida. Con el tiempo, la tristeza disminuirá, siempre que no se nieguen las evidencias, y se podrá iniciar así la segunda fase de recuperación.
Quiérete a ti mismo
Cuando la vida nos juega una mala pasada, podemos reaccionar de dos formas diferentes: caer en el victimismo o culparse a uno mismo de la situación. Los primeros sufren más fácilmente episodios depresivos, mientras que los segundos se castigan a sí mismos una y otra vez, ya sea de forma consciente o inconsciente. Lo primero que uno debe preguntarse es cuál de estas dos opciones pesa más en su actitud para volver a tomar las riendas de la vida.
Cuanto más traumática sea la situación por la que se está pasando, más importante será saber cuidarse a uno mismo. Comer bien, hacer ejercicio, salir con los amigos y forzarnos a hacer actividades que antaño nos sentaban bien son algunos de los aspectos fundamentales para recuperar la autoestima, mantener la cabeza ocupada y comenzar a querernos a nosotros mismos. La inteligencia emocional es básica para enfrentarse a los desafíos que nos plantea la vida.
Apóyate en tus seres queridos
A medida que se van superando las dos primeras fases, se hará más necesario buscar el apoyo de los seres queridos para que nos ayuden a salir del túnel. Las muestras de afecto y de cariño tienen un gran poder emocional que facilitará la recuperación. No se trata de volver una y otra vez sobre el análisis de lo sucedido, sino de salir adelante concentrándose en las cuestiones positivas de la vida. Revisitar el pasado es algo que debe ceñirse a las primeras fases de este proceso.
Realiza actividades físicas y de esparcimiento
Las emociones están más determinadas por las actividades físicas de lo que normalmente se piensa. El estado físico de nuestro cuerpo afecta por tanto a nuestro estado mental. Las actividades saludables, como hacer deporte, jugar un partido de fútbol con los amigos o salir a bailar nos darán energías renovadas, mejorarán nuestras emociones y animarán el espíritu. Mezclar la actividad física con la diversión nos dará vitalidad y nos ayudará a sentirnos mucho mejor que si nos encerramos en casa a ver la televisión.
Permítete algún momento de soledad realizando actividades creativas
La soledad puede ser sinónimo de tranquilidad. Realizar actividades creativas en solitario que nos permitan tener un poco de paz interior, como dar un paseo, cocinar, pintar o cualquier tarea creativa, es el siguiente paso que debemos dar. Unas tareas que nos ayudarán también a reencontrarnos con nosotros mismos y mantener la cabeza fría.
Realiza algún tipo de voluntariado
Ayudar a otras personas que tengan más necesidades que nosotros es el siguiente consejo que se debe seguir. Ayudar en un comedor social, visitar a personas sin techo o cualquier otro trabajo de servicio a la comunidad nos hará darnos cuenta de lo afortunados que en realidad somos. Estas actividades nos permitirán alcanzar la plenitud vital y llenarnos de gratitud, lo cual es muy importante para volver a encarar la vida desde una nueva perspectiva.
Recupera tu vida
Si se han seguido los seis consejos anteriores habremos conseguido estar en una buena forma física, mental y emocional. Una vez hecho este recorrido, lo único que nos queda es recuperar nuestras vidas, sabiendo que el futuro será mejor y que se nos abre un mundo lleno de nuevas posibilidades y emociones positivas. En eso consiste el crecimiento personal.
Fuente: el confidencial
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El trabajador que está "quemado" ¿por qué?
El estudio, publicado en BMC Psychiatry, revela las variables sociodemográficas y laborales asociadas a cada uno de ellos. Mediante cuestionarios, Jesús Montero-Marín, autor del estudio e investigador senior en el Instituto Aragonés de Ciencias de la Salud, y sus colegas encuestaron a una muestra de 409 empleados de la Universidad de Zaragoza.
Así han llegado a la conclusión, por ejemplo, de que el perfil ‘frenético’ se asocia con el número de horas de trabajo. Una persona que dedique más de 40 horas por semana a su tarea laboral tiene una probabilidad casi seis veces mayor de desarrollar el síndrome, comparado con otra con un horario inferior a 35 horas. Este tipo de empleados suele tener una alta implicación en su cargo, grandes ambiciones y una elevada sobrecarga de tareas.
Un trabajador dedicado a tareas monótonas, con tendencia al aburrimiento y a la falta de desarrollo personal, tiene más riesgo de desarrollar el perfil ‘sin desafíos’. Concretamente, el personal de administración y servicios tiene una probabilidad casi tres veces mayor de pertenecer a este grupo, comparado con el docente e investigador. Además, es un perfil sobre todo masculino. “Mientras que ellos tienden a alejarse de los objetivos de la empresa, ellas terminan por desarrollar agotamiento emocional”, explica el psicólogo en declaraciones a la Agencia SINC.
Por su parte, el tipo ‘desgastado’ suele aparecer en personas que, con una larga trayectoria en la misma empresa, terminan por descuidar sus propias responsabilidades, dada la falta de reconocimiento que perciben a su alrededor. Así, un trabajador con más de 16 años de servicio en un mismo lugar de trabajo presenta un riesgo cinco veces superior a desarrollar este tipo de perfil, comparado con otro que lleve menos de cuatro años de servicio.
Sea cual sea la clase de burnout, el trabajador experimentará agotamiento emocional, cinismo o falta de eficacia en el trabajo. El tipo de contrato también influye en la gestación del burnout. Los empleados con contrato temporal se encuentran más implicados con la empresa porque buscan una vinculación que les proporcione mayor estabilidad. Esta actitud puede desembocar en el desarrollo de un perfil de tipo ‘frenético’, el mismo que registran los contratados a media jornada, “probablemente, pluriempleados”, apunta el experto. Respecto al nivel académico, la peor parte del burnout se la llevan los dos extremos de la muestra: la gente más formada y aquella con menos estudios.
Fuente: muy interesante
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sábado, 12 de enero de 2013
TE DESEO LO SUFICIENTE
"Te deseo que tengas suficiente sol para mantener tu espíritu brillante",
"Te deseo suficiente lluvia para que aprecies aún más el sol" ,
"Te deseo suficiente felicidad para que tu alma esté viva"
"Te deseo suficiente dolor para que las pequeñas alegrías de la vida parezcan más grandes"
"Te deseo que tengas suficientes ganancias que satisfagan tus necesidades"
"Te deseo suficientes pérdidas para que aprecies todo lo que posees."
"Te deseo suficientes bienvenidas para que logres soportar las despedidas".
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martes, 18 de diciembre de 2012
¿Te atreves a soñar?
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domingo, 16 de diciembre de 2012
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lunes, 10 de diciembre de 2012
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lunes, 3 de diciembre de 2012
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viernes, 26 de octubre de 2012
Para reflexionar un poco









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jueves, 11 de octubre de 2012
Poner en práctica lo que uno sabe...
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La paciencia
La paciencia no es pasividad ante el sufrimiento, no reaccionar o un simple aguantarse: es fortaleza para aceptar con serenidad el dolor y las pruebas que la vida pone a nuestra disposición para el continuo progreso interno.
A veces las prisas nos impiden disfrutar del presente. Disfrutar de cada instante sólo es posible con unas dosis de paciencia, virtud que podemos desarrollar y que nos permitirá vivir sin prisas. La paciencia nos permite ver con claridad el origen de los problemas y la mejor manera de solucionarlos.
La paciencia es la virtud por la que soportamos con ánimo sereno los males y los avatares de la vida, no sea que por perder la serenidad del alma abandonemos bienes que nos han de llevar a conseguir otros mayores.
La paciencia es una virtud bien distinta de la mera pasividad ante el sufrimiento; no es un no reaccionar, ni un simple aguantarse: es parte de la virtud de la fortaleza, y lleva a aceptar con serenidad el dolor y las pruebas de la vida, grandes o pequeñas. Identificamos entonces nuestra voluntad con la de esa “chispa” divina de la que procedemos, y eso nos permite mantener la fidelidad en medio de las persecuciones y pruebas, y es el fundamento de la grandeza de animo y de la alegría de quien está seguro de hacer lo que le dicta su propia conciencia.
La paciencia es un rasgo de personalidad madura. Esto hace que las personas que tienen paciencia sepan esperar con calma a que las cosas sucedan ya que piensan que a las cosas que no dependen estrictamente de uno hay que darles tiempo.
La persona paciente tiende a desarrollar una sensibilidad que le va a permitir identificar los problemas, contrariedades, alegrías, triunfos y fracasos del día a día y, por medio de ella, afrontar la vida de una manera optimista, tranquila y siempre en busca de armonía.
Es necesario tener paciencia con todo el mundo, pero, en primer lugar, con uno mismo.
Paciencia también con quienes nos relacionamos más a menudo, sobre todo si, por cualquier motivo, hemos de ayudarles en su formación, en su enfermedad. Hay que contar con los defectos de las personas que tratamos –muchas veces están luchando con empeño por superarlos-, quizá con su mal genio, con faltas de educación, suspicacias... que, sobre todo cuando se repiten con frecuencia, podrían hacernos faltar a la caridad, romper la convivencia o hacer ineficaz nuestro interés en ayudarlos. El discernimiento y la reflexión nos ayudará a ser pacientes, sin dejar de corregir cuando sea el momento más indicado y oportuno. Esperar un tiempo, sonreír, dar una buena contestación ante una impertinencia puede hacer que nuestras palabras lleguen al corazón de esas personas.
Paciencia con aquellos acontecimientos que llegan y que nos son contrarios: la enfermedad, la pobreza, el excesivo calor o frío... los diversos infortunios que se presentan en un día corriente: el teléfono que no funciona o no deja de comunicar, el excesivo trafico que nos hace llegar tarde a una cita importante, el olvido del material del trabajo, una visita que se presenta en el momento más inoportuno. Son las adversidades, quizá no muy trascendentales, que nos llevarían a reaccionar quizá con falta de paz. En esos pequeños sucesos se ha de poner la paciencia.
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lunes, 1 de octubre de 2012
Leopoldo Abadía: “En lugar de quejarte, dime qué podemos hacer”
NOS ENSEÑA A SER OPTIMISTAS
El profesor del IESE y autor de 'La crisis ninja'.
“Este es el momento de ser optimistas, y te voy a decir por qué”. Podrá parecer una afirmación arriesgada para estos tiempos convulsos que corren, pero Leopoldo Abadía (Zaragoza, 1933), célebre autor del súperventas La crisis ninja (Espasa) y, más recientemente, 36 cosas que hay que hacer para que una familia funcione bien(Espasa), así como colaborador de este periódico en su blog Desde San Quirico, se atreve a afirmarlo desde un prisma particular. “Tenemos que cambiar de definición de ‘optimismo’. Si decimos que el ‘optimismo’ es ‘aquí no pasa nada’, es mentira, porque lo que pasa es muy serio. El optimismo consiste en luchar con uñas y dientes para salir de una situación concreta. Todos sabemos que hay unos problemas muy serios, pero hay que salir adelante como sea”. El optimismo será precisamente el eje central de la charla que impartirá el 2 de octubre en el Hotel Auditórium de Madrid junto a Victor Küppers, Carlos Andreu y el humorista Santi Rodríguez, en el ciclo El entusiasmo, la alegría, el optimismo y el buen humor en tiempo de crisis, donde explicará a la audiencia qué se puede hacer en estos momentos, o mejor dicho, con qué ánimo deberíamos afrontar las dificultades.
“El mayor riesgo que corremos es quedarnos paralizados. Hay muchísima gente que no lo está, pero todos podemos tener un bajón y decir ‘qué mal va todo’. Es de lo que hay que escapar”, señala Abadía. “Yo suelo decir que debería estar prohibido hablar de la crisis, que sólo puedo hablar yo para vender el libro”, señala de manera irónica. “Porque si no, al final entramos en la disculpa de ‘es que con esto de la crisis…’. ¿Qué estás haciendo para salir de ella? No me digas que las cosas están mal, que ya lo sabemos, sino mira a ver qué podemos hacer. A todos nos pasa que cuando algo no te va bien, tenemos la tentación de echarle la culpa a los demás. ‘Fíjate el Gobierno’, ‘fíjate el Gobierno anterior’, ‘fíjate el Gobierno que viene’…”.
Parece muy sencillo apostar por el optimismo, pero hay casos donde sigue siendo un concepto problemático. ¿Cómo decirle a una persona en paro, que ha sufrido una desgracia personal y cuya situación no tiene visos de mejorar, que debe ser optimista? “A esa persona en concreto hay que decirle que hay que seguir adelante. No le puedes pedir que sea optimista, según la definición que siempre hemos tenido, así que hay que decirle ‘¿qué podemos hacer? ¿Tiene algún amigo que pueda colocarle? ¿Alguien de la familia que pueda echarle una mano? ¿Ha leído los periódicos a ver qué empleos hay por ahí? ¿Sabe inglés para buscar trabajo fuera?”, señala Abadía. “Al final, cada uno nos tenemos que sacar las castañas del fuego por nuestra cuenta. Por supuesto, ayudando a los demás, sin hundir a los otros. Lo primero que tiene que hacer el que está en paro o pasándolo mal es decírselo a todo el mundo, porque muchas veces da vergüenza”.
Manos a la obra
Leopoldo Abadía señala de manera divertida que algunos periodistas le han acusado de afirmar que “hay que ir al bar” para encontrar trabajo, así que intenta aclarar la confusión: “Es todo lo contrario. Hay que ir al bar donde se iba siempre, sí, pero porque a lo mejor conoces a alguien que te pueda echar una mano. Mucha gente está saliendo adelante porque hay una red familiar y de amigos que está ayudando”. Para el antiguo profesor, la conexión con nuestro entorno inmediato y la acción son factores esenciales para prosperar. “Si nos hundimos, buena culpa es nuestra. Si me quedo en casa pensando ‘me hundo, me hundo’, termino hundiéndome yo solo, y echando la culpa a los demás. No, hombre, en ese caso la culpa es mía”.
“Pero la táctica no puede ser salir a la calle a quemar contenedores, que a lo único que te conduce es a que te peguen con una porra”, prosigue Abadía. “¿En esa cola de 500 personas del INEM no puede haber alguien que tenga unos ahorrillos guardados y pueda montarse una empresa con otros dos, y así ya tenemos tres parados menos? El optimismo no es más que eso: estás pasándolo mal, lo sabes. ¿Qué hago, hoy mismo, para arreglarlo? Si lo dejamos para el lunes que viene, hemos perdido cuatro días…”
Mirando hacia el futuro
Abadía se crió durante la posguerra y la dictadura, un período particularmente problemático de la historia de España. ¿Eran optimistas por aquel entonces, en otra coyuntura particularmente complicada?: “En Zaragoza, mi familia tenía una tienda que llevaba mi padre. No le oí quejarse nunca, nunca jamás. Supongo que lo pasaría mal, pero recuerdo vivir bien. Con el paso del tiempo, he mirado atrás y me he dado cuenta de que quizás no vivíamos tan bien. En casa teníamos unas batas gordas que nos poníamos al llegar a casa, porque hacía frío. Yo, ahora, cuando llego a casa, me quito la chaqueta. Eso quiere decir que entonces vivía peor que ahora”, relata Abadía. “Las juergas de mis padres eran ir al teatro o al cine una vez por semana. Vivíamos bien, aunque gracias a Dios, hoy vivimos mejor. O, ahora mismo, un poquito peor. No pasa nada, hay que adaptarse”.
Aprender a trabajar
Abadía es, además de un exitoso escritor y profesor referencia, el patriarca de una amplia familia, que cuenta con nada menos que 43 nietos (que en el momento de publicar este artículo pueden ser ya 44). ¿Qué deben aprender las nuevas generaciones? “A los críos hay que enseñarles a trabajar. A los 79 años, descubro que no sé trabajar. Tenía que entregar un libro en una fecha determinada, y por una serie de problemas, se me liaron las cosas. Pensé que no podría cumplir los plazos, así que me dije ‘voy a trabajar bien’. Horas completas. Ponía el temporizador del iPhone, y en esa hora ni cogía el teléfono ni hacía otra cosa. Y acabé el libro. Eso es lo que hay que enseñar a los chavales. ¿Que el trabajo aburre y cansa? Puede ser, pero así ha sido toda la vida, con tu esfuerzo terminas sacando todo adelante”.
¿Un retorno a los viejos valores del esfuerzo, por lo tanto? “Eso que se dice ahora de que hay que volver a los viejos valores y la cultura del esfuerzo… ¡Pero si los valores no son ni viejos o nuevos! ¿Hay que volver al viejo valor de no meter la mano en el bolsillo ajeno? No sabía que nos habíamos ido, pero si es así, habrá que volver. Y a ser fiel, leal, a no ser trepa, a ayudar a los demás… Hay que recordar todo eso que damos por supuesto”, señala Abadía. “Mira, tú y yo podríamos estar en el cine o en la playa, pero aquí me estás aguantando, y para hacer el reportaje, necesitas un esfuerzo, pararte a pensar qué seleccionar, qué quitar, etc. Al final, todo requiere trabajo. Es lo que debemos enseñar”
Fuente: El Confidencial
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